¡COMO CÁMARA CONTAMOS MÁS!

Hace algunas semanas, tuve la fortuna de encontrarme con un buen amigo de la primaria con quien había perdido contacto desde hace muchos años. Durante los 30 minutos que tuvimos oportunidad de ponernos al día, charlando de temas de poca relevancia mundial, surgió una frase que se me quedó muy grabada y que tuvo a bien compartirme: “Si conoces el problema, estás consiente que hace daño, si no te involucras para solucionarlo, entonces tú también te conviertes en parte de ese problema”.

El tema sigue siendo el mismo en nuestro país: nos convertimos en los mejores jueces, reyes de redes sociales, señaladores de pecados, faltas, omisiones y errores, eso sí, siempre de terceros, pero nunca tomamos acciones correctivas, ni tampoco damos los suficientes pasos para investigar y profundizar, de revisar la veracidad de las fuentes o de simplemente aportar una idea positiva para ayudar a enmendar la situación.

El sector restaurantero no se escapa de este malestar-aperitivo, que me gusta común y ordinario. Todos hemos señalado la incapacidad de las autoridades para tal o cual trámite, pero nunca nos tomamos el tiempo para desarrollar un plan de negocios estructurado, que por cierto, si nos acercamos a los organismos correctos, puede llegar a ser gratuita la asesoría para concretarlo.

Da la impresión de que pensamos que, “porque me gusta cocinar y no me queda tan mal, todo saldrá muy bien si pongo un restaurante”, y es así como vemos abrir y cerrar propuestas, en donde prevalece un sueño (a qué le tiras cuando sueñas mexicano) y no un verdadero bien-pensado plan de acción. Es una pena…pero también una responsabilidad.

Continuamente nos quejamos de las condiciones de inseguridad por las que atraviesa nuestro país, pero en ningún momento buscamos a los vecinos para establecer alianzas estratégicas preventivas, que se anticipen y atemoricen al amante de lo ajeno, por el contrario discurrimos malos-corajes sin final, ¿y luego?

¿Qué nos impide reaccionar positiva y propositivamente?, ¿En qué momento pensamos que cada quien por su lado puede más?, ¿Cómo podemos hablar de malos ensambles, cuando nosotros mismos no leemos las instrucciones?

De acuerdo con datos del INEGI (Instituto Nacional de Estadística Y Geografía) y CANIRAC (Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados), en nuestro país, la industria restaurantera es la segunda fuente económica en generación de empleo, la primera en autoempleo y se dice que 7 de cada 10 personas que laboran en el ramo turístico lo hacen en este sector.

El mercado demanda un servicio de calidad, de la mano de un impecable manejo en materia de salubridad e higiene, y claro, acompañado de experiencias originales y profundas.

Vivir una experiencia al disfrutar la comida, sea cual sea el lugar, es aquí y ahora el primer requisito. Dicho sea de paso, ver al tortero levantar esa torre de alimentos plancha arriba, deberá tener cierto contenido emocional.

Entender esto, significa que tenemos que aceptar en primer término, que la diversidad de propuestas gastronómicas en tu ciudad es positiva y suma, pues la competencia invita a innovar. Buscar ser mejores que “el de al lado” hará que los ganadores siempre sean los consumidores y por lo tanto, en la carambola de optimismo, el turismo también.

En segundo lugar, y que va de la mano con la mejora continua, es el hecho de que el cliente está dispuesto a pagar el precio de la propuesta elegida, siempre y cuando perciba, que recibe el beneficio preciso y deseado a cambio.

Esto implica que el restaurante deberá ofrecer siempre productos de calidad, con la mejor presentación y si fuera necesario tendrá que “apechugar” las indecisiones y cambios razonables del comensal, hasta lograr la sonrisa y asegurar su regreso. Hoy en día la frase de “un cliente feliz vale oro”, cobra vida y más sentido que nunca. Facebook y Twitter, por mencionar algunos testigos, pueden constatarlo.

CANIRAC no solo es una Cámara que busca representar profesionalmente al sector restaurantero. No es cosa menor, decir que es organismo que puede llevarte de la mano antes, durante y al finalizar el proceso de apertura de tu restaurante. Está por demás mencionar, que funge como asesor legal y que con los convenios realizados con PROFECO, la STPS y otras instituciones se podría exponer como delicioso menú.

 CANIRAC hoy en día es ese espacio, ese compromiso de responsabilidad social, un altavoz y escenario que permitirá convertirte en parte de la solución, sumar más papas a la canasta, más timbres a la voz para poder levantar la mano elocuentemente y señalar lo sensato, pero al mismo tiempo, para contribuir y retribuir a la sociedad, cansada y percudida de tantas quejas desangeladas, un poco de ayuda, una ventana de oportunidad, y el “sí se puede” de postre.

Está claro que si nos ponemos de acuerdo todos, y caminamos hacia el mismo rumbo, podremos construir un mejor futuro, ganar las elecciones sin necesidad de reconteos ni segundas vueltas. Buscando expresarlo de una forma más adecuada y adaptando esta idea al lenguaje restaurantero, se entendería algo así como: buscar generar nuestra propia – y muy jugosa – bien ganada – propina.

 

POR: MAURICIO SAINZ GÓNGORA, CANIRAC  IRAPUATO

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