DE SEMINARISTA A SEDUCTOR DE LA PALABRA

Luis Felipe Pérez Sánchez, ejemplo de que en Irapuato hay grandeza.

Luis Felipe Pérez Sánchez, irapuatense beneficiario del Programa de Estímulos a la Creación Artística del estado de Guanajuato en la categoría de Creadores con Trayectoria con un proyecto de novela en 2015. Se ha destacado por su pasión al escribir, por sus ensayos y cuentos que lo han hecho merecedor de reconocimientos, publicaciones y premios a Nivel Nacional.

Joven sencillo, reflexivo y curioso, con un profundo amor por la cultura, la literatura y el arte en general. Nuestro encuentro con Luis en el Hotel Versalles donde pasó su infancia, se convirtió en una película en la que sus recuerdos, donde creció rodeado de grandes artistas y pintores, nos ayudaron a entender ese aire bohemio y nostálgico que lo caracteriza.  Nos contó de su época de monaguillo en el convento de Irapuato, de sus entradas al entonces famoso cine Rialto para ver cine de ficheras, de sus clases de fútbol en el estadio revolución y del júbilo de crecer en el centro de la ciudad. Dice Luis que casi todo en su vida ha sido circunstancial. Una especie de andar por la vida desbordado, para luego calmar sus pasiones escribiendo y sublimando mientras lee a otros autores.

 ¿Por qué estudiar en el seminario

Me fui al seminario por una crisis humana o juvenil en la que no sabía qué hacer conmigo. Me desbordaba y creo que me sigo desbordando y siempre ha sido esta tarea de estarme mesurando. El seminario me sirvió para eso. Mi manera de enfrentar este desbordamiento espiritual, de pasiones, de angustia en general. En el seminario encontré calma para apaciguarme.

¿Quisiste ser sacerdote?

Sí. Yo creo que en el segundo año del seminario fue en el que sentí la emoción de ser sacerdote. Me gustaba mucho esta parte en la que íbamos a varios lugares, y ayudabas y hacías las cosas de misionero que toda la vida había soñado, después de ver a San Francisco de Asís hacer las cosas. Estás ahí y todos los días te preguntas eso porque es una especie de alto rendimiento de la espiritualidad. La etapa que estuve en el seminario fue súper interesante y humana.

¿Cuándo empezaste a escribir?

Yo soy un escritor tardío, un escritor circunstancial. Escribiría incluso sin ser escritor. Empecé a escribir un diario íntimo en el seminario, como ejercicio espiritual. En ese diario íntimo que se quedó mi primera novia, le hablo a Dios. Escribo todo el día mis impresiones y hay cosas fuertes porque en un diario íntimo, la escritura de este tipo es una bitácora que no tiene guía.

¿En qué pensabas cuando escribiste Eufemismos para la Despedida?

Soy un escritor muy dubitativo y que tiene que ver con mi hálito ensayista. Todas las becas que me han dado han sido por ensayos y el único premio que tengo fue por cuento. Pero si lees eufemismos para la despedida, en realidad son relatos ensayísticos, muy lentos, muy reflexivos. Yo pensaba en José Emilio Pacheco cuando escribía. En Las Batallas en el Desierto o en El Principio del Placer. Son recuerdos de la infancia pero que al final tienen un recuerdo, no me acuerdo, no sé si sucedió. Entonces es una trampa literaria que uno cuando está escribiendo no la piensa. La memoria es una invención todo el tiempo, lo interesante es que esa invención es lo que vale uno, es decir, a partir de esto.

¿Cómo te conviertes en maestro?

Encontré la vocación dando clases, no quería. En la normal le di clases a gente que estaba buscando una licenciatura para ascender, gente que ya estaba en el servicio. Yo tenía 24 o 25 años y le daba clases a gente que tenía años y años dando clases, entonces fue un reto para mí. El cariño de los alumnos, ver que convences a la gente, seducir con la palabra.

¿Qué estás produciendo, literariamente hablando?

Terminé una novela. Provisionalmente se llamaba La Mala, yo creo que va a cambiarse a Susana y los viejos. Está inspirada en esa escena bíblica bastante consignada en muchas pinturas de los flamencos, en donde una mujer es mirada o vista por un par de viejos que después la quieren seducir, invitar a pecar y ella se les niega, entonces, en venganza, los viejos la acusan.

¿Qué escritores te han inspirado?

Roberto Bolaño, Juan Marsé, Mario Vargas Llosa, Eusebio Ruvalcaba, Vicente Quirarte, quien fue mi tutor, Javier Marías, Juan Pascual, por decirte algunos.

 

POR: VIVIANA DA MOTA.

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